<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-18003913</id><updated>2011-04-22T00:28:52.069Z</updated><title type='text'>Palabra de Holguín</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://palabradeholguin.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18003913/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://palabradeholguin.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Palabra de Holguín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00046326451786621412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/7406/1750/320/Ruben%20%28JPablo%29.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>8</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18003913.post-117623717233429407</id><published>2007-04-10T20:24:00.000Z</published><updated>2007-04-10T20:32:52.346Z</updated><title type='text'>HALLAZGOS DE UN VELADOR</title><content type='html'>Arriesgarse es experimentar, es buscar, es encontrar, es hallar, es hacia ese lugar desconocido o ignoto del hallazgo, hacia las concurrentes sorpresas donde nos conduce en esta nueva oportunidad Julio César Rodríguez con la acumulación del trabajo y el talento que no cesa, como aquella fuente que siglos atrás nos proponía, junto a las murallas de Ávila la poeta Teresa Sánchez Cepeda y Ahumada, exaltada más tarde por su vida y su poesía al territorio de la santidad, semejante camino, acude al primigenio y sempiterno paraíso del bosque, en este caso de la cubanísima espesura de la manigua que nos circunda, desde la fronda criolla nacen en la imaginación develada estas piezas en ocasiones con la favorecida necesidad insular de estar rodeado de agua por todas parte, no con el fatalismo Piñeriano, sino con la consagración bautismal de la unción contra el imperfectamente llamado pecado original y todos los pecados constantes o concurrentes, como la bendición de aquel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acción como reto de una consecución que no por acostumbrada de los primigenios asaltos de su obra ya nos había revelado como secretos conocidos y reconocidos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eva reconvertida en vida y obra personal, semejante a la obra de aquel carpintero en su soledad, llamado Gepetto, el que buscando la humana compañía creo en la madera a Pinocho, al igual Julio César, crea su entidad humana, con la ternura y la belleza femenina émula del trabajo del Ser Supremo, junto a la misma simiente germinal de donde saldrá su creador como agregado fruto, aquí el misterio y la magia con que este velador insomne plasma el intento de iluminar,  techar la capilla de esta mayúscula ambición humana en el cuerpo de mujer, por que ya el barro y el agua fueron utilizados desde la génesis y el material de esta Eva es ígneo, es acurrucado combustible, es calor, puede ser como es, convertido en llama y fuego, incendiar desde este trozo de lienzo las angustias y soledades, así como tantos otros, es casi toda la obra de un verdadero artista, correr el riesgo de buscar, de hallar aunque sea hurgando en las cenizas o las brazas con el peligro de quemarse, incinerarse en su obra, perder lo íntimo, los ojos de velador, de soñador, de artista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ojos velados por una real fantasía humana, que nos entrega con este oficio desde el  conflicto en la creación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La obra de Julio César nos emociona no solo por la técnica de un dibujo convincente, en trazos de firmes realidades que asocia a una bullente ilusión, sin apropiarse de falsas dicotomías o repetitivas escuelas, paseándose en particular lenguaje poético, de fácil credibilidad, pero acompañado de novedosas añoranzas o quimeras, de una técnica donde todo se renueva, se re-crea, parte a la vez  de una herencia de la misma razón creativa, la suma de esta sensorial necesidad de lo expresado, pero desde tan adentro que permite fácilmente esa necesaria y absoluta comunión que están obligadas las sucesivas expresiones del arte,  el objetivo y motivaciones de su propia existencia, lo valedero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vale entonces el intento de acompañar en este nuevo recorrido a Julio César Rodríguez, agradecerle, al conocer los riesgos que se corren para encontrar los hallazgos de un velador, no sin peligros, de una comprometida aventura sigilosa, como señalara Lezama, que si bien no ha podido conocer los cuatros grandes ríos: “el Ganges, el Sena, el Amazonas y el Almendares”, como Mariano Rodríguez, Julio César ha sido ennoblecido por las aguas del Jigüe, el Marañón, y los manantiales de los frescores de sus sábanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diciembre 31,2006&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con estas palabras presentó, en la capital, el poeta y médico holguinero José Luis Moreno del Toro la exposición del pintor Julio César Rodríguez Aguilar, que se exhibe por estos días en el museo provincial La Periquera, de La Ciudad de los Parques.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18003913-117623717233429407?l=palabradeholguin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://palabradeholguin.blogspot.com/feeds/117623717233429407/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18003913&amp;postID=117623717233429407' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18003913/posts/default/117623717233429407'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18003913/posts/default/117623717233429407'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://palabradeholguin.blogspot.com/2007/04/hallazgos-de-un-velador.html' title='HALLAZGOS DE UN VELADOR'/><author><name>Palabra de Holguín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00046326451786621412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/7406/1750/320/Ruben%20%28JPablo%29.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18003913.post-116102992556923456</id><published>2006-10-16T19:24:00.000Z</published><updated>2006-10-16T20:18:45.610Z</updated><title type='text'>Todas las mujeres son iguales</title><content type='html'>Magnífica acogida tuvo el estreno en Holguín de la obra &lt;em&gt;Todos los hombres son iguales&lt;/em&gt;, que aborda tangencialmente el tema de las adicciones y sus efectos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera obra dramática dirigida a público adulto de la compañía de teatro para niños Alasbuenas integra, no obstante, lo que he dado en llamar “trilogía sucia de Holguín”, compuesta además por los dos montajes anteriores del talentoso joven director y dramaturgo Yúnior García con el proyecto Trébol Teatro: &lt;em&gt;Malos presagios&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Baile sin máscaras&lt;/em&gt;, siempre en una línea ascendente de complejización escénica y dramatúrgica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto se manifiesta desde el número de personajes en escena, la variedad de conflictos y la propia utilización del color. En las anteriores puestas, vestuario y escenografía eran en blanco y negro, quizás en un remedo del cine y esta vez irrumpen los colores primarios, para definir cada una de las tres historias que se cuentan, que no son tales sino versiones de un suceso desconocido, sobre el que tratan de orientarse los personajes femeninos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La parábola oriental del hombre que soñaba que era una mariposa, que soñaba que era un hombre que soñaba que era una mariposa, y al despertar ya no supo si era un hombre que soñaba que era una mariposa, o una mariposa que soñaba que era un hombre que soñaba que era una mariposa,  puede resumir la esencia de la pieza del talentoso estudiante de Dramaturgia en el cubano Instituto Superior de Arte (ISA).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este principio de incertidumbre que evidencian las puestas anteriores y quizás la propia filosofía y credo estético del joven dramaturgo, rige también su última entrega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque a algunos no complace esta supuesta “indecisión” que implican sus finales abiertos, particularmente considero que forma parte de su propuesta estética y conceptual: ofrecer al espectador participación en la solución del conflicto, hacer que sea el público quien tome partido, termine la obra y corra el telón. Esto significa comprometerlo con su realidad y con los problemas planteados: las relaciones interpersonales, el machismo, la simulación, la diversidad sexual o las drogas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez más, García nos ofrece un texto inteligente, sencillo sin simpleza e iluminado por las transgresiones de siempre. El nuevo texto nada ortodoxo, como los anteriores, está armado con picardía, en un fluido discurso a cuatro voces, donde se reciclan con sentido paródico lugares comunes como el que da título a la pieza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, el dramaturgo debiera podar cualquier intento obvio de moralina que pudiera aflorar en la puesta, pues la trepidante puesta en escena no los necesita. Recordemos que la seducción no está en lo directo sino en lo oblicuo, lo tangente, lo que se muestra apenas y aún en lo que se oculta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por otra parte, hay que celebrar la intencionalidad de la escenografía, a cargo del artista plástico Jimmy Verdecia, donde sillas y telón de fondo parten de una manipulación de obras de Wifredo Lam, aportando valor semántico. Otro tanto sucede con el vestuario, de la diseñadora Celina Machado, que refuerza el principio de incertidumbre: lo que se muestra sutilmente, lo que parece y es, o lo que puede no ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También merece reconocimiento la oportuna y significativa inclusión de la música –compuesta especialmente para el estreno por el holguinero Yendri Céspedes–, así como la hábil selección de los géneros, que aporta significados y remite a referentes específicos, para reafirmar el sentido lúdico del montaje, en un tiempo potencial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez más hay que elogiar la concepción total de la puesta, con visualidad, espectacularidad, pulcritud escénica, el empleo del silencio orgánico, la iluminación y el empleo de la psicología del color. Porque, independientemente del talento del joven director, sus estudios de Dramaturgia y su propia formación profesional lo han dotado de un universo referencial rico en signos, que aporta intertextualidad a esta y las otras obras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tanto Iliana Casanellas (Susana) como Elvis Pérez (Mari) aportan personajes creíbles, acordes con su experiencia actoral, mientras que Yamilet Pérez (Liza) se crece en un productivo contrapunteo. En cuanto al experimentado Elier Álvarez, sortea con pericia los escollos que pudieran acarrearle los estereotipos masculinos que asume, calando con oficio en la naturaleza de los tres primeros roles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En resumen, &lt;em&gt;Todos los hombres son iguales&lt;/em&gt; es una interesante propuesta teatral, otro prolijo ejercicio académico del debutante dramaturgo y otra puesta a la altura de la Compañía de Teatro Alasbuenas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18003913-116102992556923456?l=palabradeholguin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://palabradeholguin.blogspot.com/feeds/116102992556923456/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18003913&amp;postID=116102992556923456' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18003913/posts/default/116102992556923456'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18003913/posts/default/116102992556923456'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://palabradeholguin.blogspot.com/2006/10/todas-las-mujeres-son-iguales.html' title='Todas las mujeres son iguales'/><author><name>Palabra de Holguín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00046326451786621412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/7406/1750/320/Ruben%20%28JPablo%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18003913.post-115757603890859348</id><published>2006-09-06T20:48:00.000Z</published><updated>2006-09-06T20:53:58.923Z</updated><title type='text'>Los bárbaros, Francia...</title><content type='html'>&lt;em&gt;Margaritas ante porcos&lt;/em&gt;, fue un latinazgo que se me “pegó” luego de hojear las tentadoras páginas rosadas del viejo diccionario Larousse, anunciado como pequeño, a pesar de su grosor. Para esa época pergeñé una historia, perdida en algún cuaderno escolar, donde un personaje era asesinado precisamente a golpes con un petit Larousse.&lt;br /&gt;Pero volvamos a las margaritas, que no son tales sino perlas, en lengua latina. “Perlas a los cerdos” es la traducción de la frase admonitoria, en algún texto sagrado, para no gastar finezas en quienes no las merecen. O como rezan los textos de las pirámides, también llamados Libro de los Muertos –imposible de encontrar en las librerías pues los &lt;em&gt;rockers &lt;/em&gt;lo han agotado–: “Cuídate de aquellos que moran en los pantanos de papiros del delta” (del Nilo, claro).&lt;br /&gt;Por estos días, ha aflorado aquella frase que el adolescente que fui saboreó con fruición. Basta dar un recorrido por el casco histórico de la ciudad de Holguín para que la advertencia salte como una liebre.&lt;br /&gt;Víctimas del vandalismo han resultado las esculturas concebidas para adornar la céntrica Plaza de la Marqueta, con su pátina broncínea. Los cuerpos de hormigón finamente moldeados, que remedan al holguinero de a pie, han sido mutilados por otros que al parecer montan el penco de Atila bajo cuyos cascos no crecía más la yerba.&lt;br /&gt;El primero en caer fue el perro de pata alzada junto a un poste, al que dejaron “tocolo” y cojo antes de desaparecerlo. Un par de veces arrancaron, a golpes presumo, la placa que consignaba, en manos del conspicuo señor de bombín, que en esa esquina estuvo la vergonzante picota pública. El joven de bastón frente a la imprenta Lugones muestra las huellas del estilista frustrado que le dejó en labios y párpados grotesco maquillaje.&lt;br /&gt;También se ensañaron con el anciano que fuma parsimonioso su “breva” y con la negra jacarandosa en cuya jaba no se cansan de echar inmundicias, luego de partirle una pierna a palos. Afortunadamente, se han salvado de esa marea destructora los que están en las alturas: el jigüe y su marañón, las palomas y gorriones, los gatos de Casa Marco, la muchacha que contempla desde el balcón del hotelito Don José. No nos extrañe que algún día, armados de escaleras y sogas, intenten trepar la fachada para despojarnos del poco de belleza que todavía subsiste en La Marqueta.&lt;br /&gt;“Los bárbaros, Francia, los bárbaros, cara Lutecia”, como en el poema de Rubén Darío, son los mismos que ya rompieron una cadena del Mural Orígenes –y no precisamente para liberar al esclavo allí representado– y también el puño de un indio. Y los que se han robado más de una vez el sable de Julio Grave de Peralta en el parque Las Flores. Supongo se afilan sus dientes ante el hermoso parque de El Quijote.&lt;br /&gt;Indignación despiertan tales actos entre los que admiramos la belleza, los que queremos una ciudad más hermosa y coherente con el proyecto Imagen, los que ajenos a filias y fobias desandamos el naciente bulevar. Recordemos, parafraseando al nutricio Martí, que la humanidad se divide en dos bandos: los que aman y construyen, y los otros, aquellos a quienes están vedadas las perlas.&lt;br /&gt;¿Qué hacer? ¿Contemplamos, como el tarado emperador Nerón, a Roma arder? De ninguna manera. Holguín somos todos. Debemos aumentar la vigilancia, el control, el combate diario contra los que afean la ciudad, para devolverlos a la pocilga a la que pertenecen. Y tampoco estaría de más designar vigilantes, uniformados custodios o serenos, que mantengan a raya a los antisociales y conserven el Patrimonio histórico y el naciente para los que sí conocen el valor de las perlas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18003913-115757603890859348?l=palabradeholguin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://palabradeholguin.blogspot.com/feeds/115757603890859348/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18003913&amp;postID=115757603890859348' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18003913/posts/default/115757603890859348'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18003913/posts/default/115757603890859348'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://palabradeholguin.blogspot.com/2006/09/los-brbaros-francia.html' title='Los bárbaros, Francia...'/><author><name>Palabra de Holguín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00046326451786621412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/7406/1750/320/Ruben%20%28JPablo%29.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18003913.post-115170438684767970</id><published>2006-06-30T21:30:00.000Z</published><updated>2006-06-30T22:46:16.343Z</updated><title type='text'>La madrugada no tiene corazón</title><content type='html'>Era un yuma. Se notaba por la forma de hablar. Seguro le llamé la atención por lo limpio y por la cara –de comemierda, dicen los socios– , que inspira confianza. Así hemos sido siempre en casa. Gente de trabajo, muy limpios, y muy decentes. Pobres pero honrados. El yuma se acercó entre la gente, y me preguntó si alquilaba. Entonces me dio una dirección y yo le contesté que eso estaba muy lejos y le cobraría más. Pero dijo que no importaba, y sacó una billetera de piel, abultada de tanto billete como traía. Hablaba poco, prácticamente había que sacarle las palabras de la boca. Así que me callé y me puse a dar pedales. La conversadera te quita la fuerza, pero hace menos aburrida la noche. Iba muy bien vestido: unos tenis de marca, un buen pitusa, camisa de las que se usan ahora, con dragones. Yo estuve en Alemania cuando el CAME, y conocí a mucha gente, y este sonaba más a ruso. Me fijé que miraba mucho, se le iban los ojos hacia la gente en las aceras, lo mismo hombres que mujeres. Pero uno no está para eso, porque en este oficio lo importante es la discreción, ofrecer un buen servicio y ganarse honradamente los pesos. De cómo se porte uno, de cómo huela, de cómo se vea, depende que te alquilen otro día, entre diez o doce bici más. El yuma me pidió que lo dejara detrás del hospital, y yo le dije que tuviera cuidado. No le dije que esa zona es un poco caliente y podían darle un susto porque a lo mejor él quería que le dieran un susto. Ya tú sabes a qué va la gente a ese lugar. Me preguntó si podía recogerlo allí mismo a eso de las cuatro de la mañana. Yo me olí algo y le dije que no, que no podía, pero él insistió y prometió pagarme el doble. Pero yo dije no es no, y me fui. Fue una noche mala, no cogí ningún otro pasaje, y a eso de las siete me fui a dormir, con toda la mala noche; pero con los cinco dólares que me había dado el yuma. Guardé uno para mí y les di el resto a las muchachitas. Desperté como a las cinco y anduve haciendo unos arreglos en la casa, como todos los días. La comida estuvo más tarde porque se rompió el fogón, pero al final logré arreglarlo porque tengo facilidad para esas cosas. Cuando llegué, la piquera estaba llena, así que me puse al final, un lugar malo, oscuro…&lt;br /&gt;Estaba pensando en mi mala suerte cuando apareció el yuma. Vino derechito para donde yo estaba. Volvió a preguntar si alquilaba, como si no me conociera. Pensé decirle que no porque, a ver, ¿por qué el yuma tenía que escogerme a mí, si había diez más? Pero la cosa estaba mala. El yuma se montó. Traía la misma ropa y el olor raro, a flores. Volvió a quedarse callado, mirando a la gente que pasaba, con los ojos brillantes como si hubiera fumado mariguana. Lo mismo a hombres que a mujeres. Ahora me pidió que lo llevara hasta el bosque. Yo le dije que no podía porque esa zona es peligrosa, más que detrás del hospital. Pago doble, dijo bajito. Ahí había algo raro, hay que estar loco para pagar diez fulas por un viaje en bici. Quedamos en que yo lo llevaba hasta el motelito que está por ahí, pero no más allá. El yuma dijo tiene miero, y se rió. Lo dejé frente al motelito, él me dio diez fulas y agarró por el trillo entre la cerca y el bosque. Hay que ser guapo para meterse en el bosque a esa hora.&lt;br /&gt;La próxima vez no puse tanto pero y llevé al hombre a donde me pedía. Esa noche trajo a una mulata con unas nalgas que se la levantaban a un muerto. Por el espejo le estuve mirando las rodillas redondas y sin una marquita. Venía muy contenta del brazo del yuma, que la acomodó y después subió él, y me indicó la dirección. La mulata se reía, mirándose las uñas, arreglándose el escote y todas esas cosas que hacen las mujeres cuando quieren volver loco a un hombre. El yuma hablaba muy bajito, pero ella tenía la risa como una campana, y le decía sí papi, como tú digas, estás loco papi… y todo ese jaleo, que me la llevaban dura. Yo tosí un par de veces, no porque me haga el santo, sino porque cualquiera los ve y piensa que uno se pone para eso. El relajo con orden. También vi cómo le metía la mano bajo la falda y ella se reía. Otra vez, ella le tocó la portañuela pero él le apartó la mano… Lo que más me calentó, y ya yo iba caliente, fue cuando él le lamió el cuello. Sacó una lengua larga y blanca que parecía de animal y se la pasó despacito desde el pecho hasta el cuello, como si se la fuera a enrollar en el pescuezo. Ahí dejé de mirar y me concentré en el volante, porque ya casi llegábamos al motelito. Se bajó el yuma y ayudó a bajar a la mulata, que no dijo ni esta boca es mía, porque iba mareada como una gallina delante de un majá, y me metió un billete de diez en el bolsillo. En ese momento me llamaron unos borrachos y empezamos a discutir el precio, porque la gente cree que dar pedales es jamón. Y yo se lo digo: no es jamón.&lt;br /&gt;El dinero nos vino muy bien. Hasta les pude comprar unas boberías a las muchachitas. Mire usted si la mente es un misterio, que esa tarde soñé con la mulata, pero era yo el de la lengua de chipojo, y todo lo demás. La falta de mujer le hace daño a uno. Para no cansarlo, hice la rutina de todos los días y a las ocho, ya estaba en la piquera conversando con los otros. No les hablé del yuma porque esas son cosas del cliente. Hay gente que cuenta si el pasajero come esto o fuma aquello, si la pasajera está flaca o a dónde llevan a los clientes, y eso está mal. El yuma no demoró, con su risa boba y la camisa de siempre. Debe tener muchas camisas iguales, porque con la cantidad de billetes que maneja ese hombre, es imposible que sólo tenga esa. Venía solo y me dio la mano, la tenía congelada y a mí se me erizaron los pelos. Era la primera vez que me tocaba, y le juro por mi madre que no me gustó. Aire condicionaro, dijo como leyéndome el pensamiento, y yo pensé que seguro estaba alquilado en alguna casa para extranjeros. Me dijo que estaba esperando a una amiga, le contesté que no había problemas y él se sentó en el carrito a esperar. De pronto salta a la acera y yo veo llegar a una mulata, tan linda como la otra, que se deja dar un par de besos y cuenta que el niño no se quería quedar con la abuela, y toda esa bobería. Ella se hacía la difícil y no se dejaba tocar, sólo que le besara la mano. Hablaban muy bajito, porque era una mulata fina, y pronunciaba muy bien. Los llevé al motelito y él volvió a echarme en el bolsillo otros diez fulas. Regresé vacío, pero no lo lamenté mucho porque llevaba en la camisa el equivalente a cincuenta viajes. El motelito está en casa del carajo, pero valió la pena. Parece que al yuma le gustaba ese lugar porque las veces siguientes fueron también hacia allá, y siempre acompañado. Bueno, hubo un par de viajes que no: una de ellas lo llevé a una casa particular y otra, detrás del hospital. Eso es peligroso ahí, señor, le dije con mucha educación, sin mirarlo. Me quiso dar la mano, pero yo di un respingo y él se rió: mano fría, y se metió en lo oscuro. Le grité: Tenga cuidado, y no me contestó. Me pagó sólo cinco, pero recogí a unos muchachos que salían del callejón y no regresé vacío.&lt;br /&gt;Hubo más viajes con el yuma. Parece que le gustaban las mulatas, porque trajo a muchas, con buenos culos y buenas tetas. Una vez trajo a una negra con los ojos azules. A esa ni siquiera la tocó. Todo el tiempo hablaron de música, de pintura y esas cosas. Debía ser extranjera también, porque hablaba raro. Hubo muchas mujeres, pero nunca repitió ninguna.&lt;br /&gt;También trajo a hombres. Lo mismo pepillitos que hombres mayores, con brazos de fisiculturista y bigotes. Con los hombres hablaba de pelota, de política, tomaban… Cuando me brindaba cerveza o ron, yo decía que no porque uno tiene que respetar el trabajo. ¿Que lo lleve al motelito? Yo lo llevo. ¿A un paladar? Pues vamos al mejor y el dueño me deja caer un regalito por llevarle clientes. Si me hubiera montado a un niño o a una muchachita, ahí mismo me bajo y le digo que yo no entro en eso. Nunca me insinuó nada ni me invitó a ninguna cosa. Venía sin mirar a los lados, como viéndome sólo a mí, se acomodaba en el carrito y me indicaba la dirección. Motelido, decía y allá pedaleaba yo, sabiendo que tenía resuelto mi problema, el del viejo, y el de las muchachitas. Hasta pudimos terminar la casa. No se imagina la alegría cuando la pintamos de color verde claro y cambiamos los muebles, y me compré unas pitusas y unas gorras, y ropa buena para las muchachitas. Todo ganado honradamente. Dinero sudado. Limpio.&lt;br /&gt;Pero la gente es envidiosa. Inventaron que estaba metido en lo de la droga, o en la salida de gente del país, porque nunca volvían a ver a las mujeres y los tipos que montaba en mi bici. Tuve que fajarme con uno que me vio chiquito y se equivocó; a mí hay que matarme. Después empezó la guerra, me ponían vidrios, me ensuciaban el bici. Con el yuma jamás se metieron. Preferían joderme la vida a mí, que soy tan muerto de hambre como ellos. Quise cambiar de piquera, pero lo pensé mejor y dije que ni cojones. Gracias al yuma había sacado a mi gente del hueco, del jarrito de agua con azúcar y el arroz con frijoles, y no iba a dejar de luchar lo mío.&lt;br /&gt;Después empezaron a aparecer los muertos. Los encontraron en el bosque, comidos por los bichos; gente joven. Después aparecieron otros en alcantarillas, en ruinas, en lugares apartados, hasta en la fosa del motelito hallaron gente ahogada en la mierda. Decían que era un asesino en serie, de esos que matan sin parar. Parece que también el yuma cogió miedo porque no volvió por la piquera. Una tarde, me despertaron las muchachitas gritando y cuando abrí los ojos, vi a los policías, que me dijeron que me vistiera y los acompañara. La calle estaba llena de carros patrulleros y de vecinos. Usted sabe cómo es la gente. Algunos hasta se han alegrado de que me tengan aquí, preguntándome siempre lo mismo y sin creerme una palabra, aunque les jure que no tengo nada que ver con esos muertos; que sólo soy un bicitaxi y lo que he prosperado es por el yuma, y ustedes me dicen que el yuma no existe, que en la piquera nadie recuerda a ese yuma, sino a los muertos. A esos mismos que voy reconociendo mientras usted me enseña esas fotos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff6600;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;* Este cuento forma parte del libro homónimo, que obtuvo el Premio Hermanos Loynaz 2006 y se encuentra en edición por el Centro Hermanos Loynaz, de Pinar del Río. La ilustración de portada es la obra "Los fantasmas de mi sueño", del talentoso pintor holguinero Yovani Caisé.&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18003913-115170438684767970?l=palabradeholguin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://palabradeholguin.blogspot.com/feeds/115170438684767970/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18003913&amp;postID=115170438684767970' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18003913/posts/default/115170438684767970'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18003913/posts/default/115170438684767970'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://palabradeholguin.blogspot.com/2006/06/la-madrugada-no-tiene-corazn.html' title='La madrugada no tiene corazón'/><author><name>Palabra de Holguín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00046326451786621412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/7406/1750/320/Ruben%20%28JPablo%29.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18003913.post-115170165195538011</id><published>2006-06-30T20:53:00.000Z</published><updated>2006-06-30T21:07:31.980Z</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="color:#ff6600;"&gt;&lt;strong&gt;NANA&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen que Nana fue una persona normal, como usted y como yo, hasta los doce años, que para esa fecha tuvo unas fiebres que casi se la llevan a la tumba. Cuentan que se salvó milagrosamente, gracias a los buenos oficios de un doctor; aunque también oí decir que no había sido el médico, sino los brebajes de sangre de gallina que le preparaba una negra vieja, empleada de la casa.&lt;br /&gt;La conocí cuando era muy pequeño. Mis padres y hermanos habían muerto, así que fui acogido por las hermanas de papá. Dicen que es imposible que la recuerde, que era muy chiquito y estaba muy débil, pero en sueños puedo ver cómo tío me saca de la alforja, meado y con peste a caballo. Hay manos que se extienden, y el rostro de Nana se acerca, dulce, y me besa la frente. Desde entonces dormí en su cuarto y allí crecí. Recuerdo el revoloteo de la sábana fría y olorosa a alcanfor, que cae sobre mí como un pájaro blanco, o el aleteo pesado de la colcha, abatiéndose como un ave oscura. También las manos de Nana metiéndome la sábana bajo el cuerpo hasta componer un extraño envoltorio. Después se corre la neblina del mosquitero, los párpados me pesan como plomo y me duermo. En la mañana, ella me llama con un vaso de ponche. Aún no me he despertado completamente, invaden el olfato adormecido el aroma de la canela en rama, el dulzor del azúcar, el vaho del huevo de gallina. Está tibio, bebo del vaso alto que tiene una franja dorada en el borde. Hasta el fondo, exige Nana. Vuelvo a dormirme; cuando despierto, ya es una sombra trémula tras su mosquitero. Cualquiera diría que está muerta, pero sólo está dormida. Me levanto de puntillas y, al salir, cierro la puerta con cuidado. Detrás quedan las camas gemelas, el pesado escaparate de caoba y las torres de gasa de los mosquiteros.&lt;br /&gt;Su nombre era Mariana, pero todos le decían Nana. A nadie llamaba la atención que durmiera de día y estuviera despierta durante la noche. Le hace daño la luz, decían. Luego supe que existía tal enfermedad, que la luz provoca quemaduras horribles en la piel de estas personas. Al anochecer, la tía Mercedes y la tía Amelia, llevaban hasta el cuarto de Nana, una batea grande y un cubo con agua hirviente donde habían echado hojas de verbena. Allí transcurría el ritual. Aunque lo tenía prohibido, una vez mi curiosidad pudo más y acerqué el ojo a una hendija de la pared de tablillas. Lo que vi, me sobrecogió. A la luz eléctrica, Nana parecía un gran animal pálido, con las mechas negras del pelo húmedo pegadas a la espalda. La piel brillaba como engrasada y en la espalda quedaban las yerbas adheridas como tajos verdes. Por un momento miró por encima del hombro y me clavó los ojos. Yo supe que me estaba mirando con sus grandes ojos negros, como pintados al carbón. Con el corazón desbocado, corrí al patio donde estuve hasta que me llamaron a comer.&lt;br /&gt;Nana comía en su cuarto. Unas veces tía Mercedes y otras, tía Amelia, le llevaban un plato de sopa. Nadie la veía comer. Un día dije: “Nana se va a enfermar de tomar sólo sopa, la sangre se le va a volver agua”. Las tías se miraron sin decir nada. Vete a jugar, musitó tía Mercedes.&lt;br /&gt;A eso de las siete empezaban a llegar las señoritas Elena, Teresita, Dulce… Tenían nombres como esos y eran flacas y aburridas. No venían juntas, sino una a las siete, otra a las siete y media, otra a las ocho, y así… Llegaban sonrientes, besaban a las otras tías y decían un par de bobadas sobre el calor. Todas se iban a casar algún día, conocían a jóvenes “interesantes” y “serios”. Pero antes debían encontrar al hombre “adecuado”, como aconsejaban mis tías solteronas. Luego de unos cinco minutos de conversación sosa, tía Mercedes o tía Amelia las hacían pasar al cuarto de Nana. Desde la mesa del comedor, donde jugaba parchís, o del columpio donde leía muñequitos de Los halcones negros, escuchaba el saludo de Nana, las cortesías de las señoritas, y luego el pestillo del cuarto. Aprendían tejido y bordado. Nana era la mejor bordadora del pueblo y todas las casas ostentaban, en algún lugar, su huella: tapetes, manteles, cortinas, cubrecamas salidos de sus manos mágicas.&lt;br /&gt;No sé si las señoritas aprendían a bordar y tejer, porque, al cabo de varios meses, dejaban de venir y eran sustituidas por otras. Pienso que  se casaban y se iban a vivir a otro pueblo, o que se cansaban de las clases. No recuerdo que Nana cobrara por enseñar a bordar y tejer. No obstante, siempre había algún billete en su costurero para satisfacer mis antojos. Tenía una caja donde guardaba los billetes, nunca monedas. Nana no tocaba las monedas. Yo me deslizaba en el cuarto y le susurraba al oído mi petición, y ella sonriendo destapaba la caja y ponía en mi mano un peso.&lt;br /&gt;En la noche abría las ventanas del cuarto, por las que entraba el perfume del jazmín y el galán de noche. Casi nunca pude quedarme durante las lecciones. Ella no me lo permitía. Mi ángel, sal, que me distraes, suplicaba más que ordenar. Yo le daba un beso en la mejilla y me iba a jugar a la sala, a escuchar las noticias de la radio con la tía Mercedes, o a tomar el fresco en el columpio. Allí veía salir a las señoritas, calladas, apagadas, exhaustas. Las clases de bordado son muy agotadoras, decían las tías, y las acompañaban hasta la acera, abrían para ellas la cancela y las señoritas se perdían en la noche, con sus minúsculas carteras cuadradas y sus sombreros diminutos. El bordado necesita de mucha concentración, decían las tías. Nana tenía fama por su paciencia. Jamás perdía los estribos ante las torpezas de sus alumnas. Ángel mío, vuelva a empezar, pedía quedito, y las señoritas musitaban un excuse, soy tan torpe… Es que se distrae, tiene que poner más atención. Escuchaba las voces que salían del cuarto y se iban apagando lentamente, hasta hacerse aquel silencio pesado que ponía nerviosas a las tías. Tía Mercedes sacaba el rosario y pasaba rápidas las cuentas, mientras murmuraba una oración de carretilla. Tía Amelia iba de puntillas hasta la puerta y, sin acercarse mucho, daba unos toquecitos sutiles. Paulatinamente, volvían las voces al cuarto, bajas, discretas. El timbre de contralto de Nana piaba: No, mi ángel, uno al derecho, dos al revés, deshaga ese punto. Un par de minutos después sonaba el reloj de péndulo de la sala, escrutado sistemáticamente por las tías. Se abría la puerta del cuarto, y yo distinguía a Nana en su sillón, repasando la lección de la señorita que acababa de salir. La doblaba cuidadosamente y la ponía en la gaveta de la cómoda. El peinador, le llamaba Nana, aunque jamás la vi peinarse frente al pesado mueble taraceado en nácar, y cubierto con una pesada tapa de mármol. La peinaban mis tías, unas veces Amelia y otras Mercedes. Le recogían las mechas negras en un moño que sujetaban con ganchillos. ¿Me veo bien?, me preguntaba Nana, con algo de coquetería. Sí, decía yo sinceramente. Ella me llamaba adulador. Vas a tener muchas novias, auguraba. Las otras le pedían que no me dijera esas cosas, que bastaba con que hallara a la señorita “adecuada”. ¡Cómo va a encontrar si no busca!, exclamaba Nana y se echaba a reír. En casa no había espejos. Una vez pregunté por qué y tía Mercedes me calló con un seco “eso no se pregunta”. Tía Amelia me llevó a la cocina donde me dio un puñado de pasas. Me cuchicheó: Es por Nana, no le gustan, por su problema. Supuse que se refería a lo del sol, y no pregunté más.&lt;br /&gt;La última señorita llegaba a las nueve. Cuando se iba, Nana salía a la sala, muy animada, y se quedaba un rato conversando con las otras tías. A veces recordaban a las señoritas ausentes, de las que yo conservaba un vago recuerdo, si no las había olvidado por completo. Ellas solían ignorarme, me miraban al pasar y me dedicaban una caricia desganada, al entrar al cuarto de Nana. A salir, estaban demasiado cansadas como para permitirse un mimo.&lt;br /&gt;Cuando la situación se puso peligrosa, las señoritas dejaron de venir. Se comentaba que aparecían cadáveres mutilados en las cunetas y las guardarrayas. Decía el lechero que del cuartel salían alaridos horribles. Mis tías me prohibieron salir de noche. Al colegio me llevaba una de ellas, o el tío cuando venía del campo. Si el tío estaba, yo no podía dormir con Nana; él ocupaba ese lugar. Era un hombre serio y se sentaba en el portal durante horas, sin decir palabra. Debían venir para acá, para la civilización, aconsejaban las tías; pero él se negaba a dejar la finca familiar, metida en lo más intrincado de la sierra. El tío me revisaba las orejas, el cuello, los brazos, las piernas. Me obligaba a sacar la lengua, me descorría los párpados con la yema de los dedos. No lo revises más, el muchacho está sano, refunfuñaba Nana y se echaba a reír. Por alguna razón, me asustaba su risa, había en ella algo de escalofriante y tenía la virtud de acallar a todos los perros del vecindario. Se hacía un silencio tan pesado como los del costurero. Las tías preguntaban por los primos, por los animales, por la cosecha. Inevitablemente, las ponía nerviosas la risa de Nana. Y seguían meciéndose en las poltronas del portal, mientras los grillos chirriaban en el jardín. ¿Y lo tuyo?, preguntaba la voz bronca del tío. Normal, susurraba Nana. La gente pasaba por la calle y saludaba. ¿Por qué no sales alguna vez, te sientas en la glorieta del parque y oyes la retreta?, le preguntaba yo. No puedo, ángel mío, decía Nana y escrutaba la noche con sus grandes ojos oscuros. A eso de las diez y media se iban todos a dormir. Cuando tío nos visitaba, yo dormía con tía Amelia, a regañadientes porque roncaba. En el cuarto, cerrado herméticamente, sudaba a mares. Extrañaba el cuarto de Nana, inundado por el perfume de los jazmines.&lt;br /&gt;Todas las noches, como un rito, las tías pasaban los cerrojos de puertas y ventanas, y nos acompañaban hasta el cuarto de Nana. Cerraban por fuera y se encerraban en los suyos. Yo escuchaba sus oraciones; en el cuarto de tía Mercedes ardía permanentemente una palmatoria. Por las almas que sufren, por los condenados de por vida, por la pobre Nana…&lt;br /&gt;Le conté a Nana. Eso las ayuda, no les preguntes, a las palabras se las lleva el viento, me dijo e hizo aletear la sábana blanquísima. A veces me leía cuentos. Quiero dormir contigo, le pedí una vez. Los niños no duermen con los mayores, me respondió dulcemente. Además, yo soy una señorita decente, no está bien que meta a un hombre en  mi cama, y se echó a reír. Se hizo un silencio espeso en el vecindario, y yo goteé pesadamente en el agua del sueño.&lt;br /&gt;La situación empeoró. Un día se llevaron preso a un vecino. Escondido en los jazmines, vi cómo lo metían a empujones en una máquina. En las noches faltaba la electricidad y los víveres escasearon. Las señoritas dejaron de venir y Nana comenzó a languidecer. El tío trató de convencerlas de que nos fuéramos todos a la finca. Ellas se negaron: nunca abandonarían a Nana. El monte es para los bichos, había dicho ésta enérgicamente cuando el tío trató de persuadirla. Ya es casi un hombre y esa gente no respeta a nadie, auguró tío. Él está bendecido, dijo Nana, y tío se cagó en dios. Las tías se hundieron en un rezo pastoso y Nana siguió meciéndose parsimoniosamente entre cojines. La gente comenzó a temer sentarse en los portales y era extraño ver a alguien caminar por la calle después que oscurecía.&lt;br /&gt;El tío no volvió ese año. Nana adelgazó mucho, hasta simular una delgada araña blanca, en medio de sus interminables bordados. Sólo resaltaban en su rostro, los ojos como pozos. Un día no salió más, se recluyó en su cuarto, donde seguí durmiendo, cada vez más inquieto. La veía cansada, presa de una rara ansiedad. La guerra se va a acabar y volverán las señoritas, le decía yo. Ella se apuraba a correr el velo de gasa: Duérmete, ángel mío. No deberías seguir durmiendo con Nana, me susurró una tarde tía Amelia, mientras colaba un café clarucho, y rápidamente cambió de tema, al ver entrar en la cocina a tía Mercedes. Los pollos encarecieron y la comida se redujo a arroz, viandas y, ocasionalmente, huevo. Necesitamos animales vivos, rogaban las tías al vendedor. Se va a morir, dijo otra tarde tía Amelia, mientras pelaba unos raquíticos boniatos. ¿Quién?, pregunté yo. Eso no se pregunta, me calló ella. ¿Todos nos vamos a morir?, volví a preguntar. No todos, susurró tía Mercedes y se persignó temblorosa. Estuvo el resto de la tarde hincada ante la imagen de la virgen del Rosario.&lt;br /&gt;Otro día, al oscurecer, yo buscaba una pelota desaparecida al fondo de la casa, cuando por la ventana cayó un líquido parduzco, que era indudablemente el sempiterno plato de sopa de la cena de Nana. La ventana se cerró rápidamente. Me extrañó mucho, pero no pregunté. Al anochecer siguiente, busqué un pretexto para deslizarme hasta el jardín y vi vaciar la sopa otra vez. Esto se repitió el resto de la semana. Entendí que, tal vez por eso, siempre había tantas hormigas en esa parte del jardín, e incluso ratas. Estaba en la cocina comiéndome un mango, cuando las palabras borbotearon y escaparon solas: Yo sé que Nana bota la sopa. Las tías se miraron y evadieron mis ojos llenos de preguntas. No repitas eso. Nunca. No lo digas a nadie. Promételo, exigieron, rogaron, amenazaron las tías. No comprendí su embarazo. Todavía no lo comprendo. Vas a tener que irte con tu tío, suspiró tía Mercedes. Necesitas alimentarte bien. Y la cosa está muy mala.&lt;br /&gt;A veces, en las noches, se escuchaban disparos lejanos. Las tías le escribieron al tío, y él vino a buscarme. Pusieron mi ropa en una maleta de madera y los libros en una caja. Lloriqueaban a ratos y me contemplaban, angustiadas. Despídete de Nana, dijo el tío secamente. Estaba sentada en su cama, sobre cojines, como siempre. Tenía la mirada fija en la noche tras la ventana. Cuídate mucho, ángel mío, me dijo y me acarició con sus manos delgadas, casi transparentes. Me puso en la mano unos billetes enrollados y me dio un beso: Ve. Yo tenía un nudo atorado en la garganta.&lt;br /&gt;No salieron al portal. Bebiéndome las lágrimas, monté en la camioneta del tío que se perdió en la noche. Nos detuvieron un par de veces las patrullas de soldados, pero tío tenía negocios con el ejército y no tuvimos contratiempos. Apenas hablamos. No hacía falta. Lloré en silencio y el viento frío me convirtió las lágrimas en una máscara pegajosa. No volví a ver a mis tías. A veces escribían unas cartas breves, donde le pedían a dios y a la virgen por mi salud y la de los primos, y contaban lo que estaba pasando en el pueblo. ¿Dicen algo de Nana?, preguntaba yo. Está bien, contestaba tío, secamente.&lt;br /&gt;Cuando acabó la guerra, volvimos al pueblo. Las tías habían muerto, nos comentó alguien. Tuvieron cristiana sepultura, nos dijo el cura exagerando la beatitud. Tío echó una carcajada estentórea y le preguntó: ¿Cuánto?, el religioso musitó una cifra y tío le pagó al contado, desde la camioneta. Decidió vender la casa, los muebles, todo; pero no apareció comprador porque estaba muy deteriorada, hasta que alguien la compró, por el terreno. Iban a construir una tienda, dijeron. Borraron la casa, el jardín, el cuarto de Nana.&lt;br /&gt;Ha pasado mucho tiempo. Tío murió, luego su mujer, los primos. Sólo quedo yo para contar la historia. Todavía con una imagen inolvidable en las pupilas. Ese recuerdo dorado por la bombilla eléctrica del cuarto de bordar, doradas las sillas y el sofá, doradas las señoritas sobre el tejido y Nana, dorada también e inclinada suavemente sobre sus cuellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff6600;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;em&gt;* Este cuento forma parte del libro &lt;span style="color:#ff6600;"&gt;La madrugada no tiene corazón&lt;/span&gt;, Premio Hermanos Loynaz 2006, en edición por el Centro homónimo. La ilustración de portada es la obra "Los fantasmas de mi sueño", del talentoso pintor holguinero Yovani Caisé.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18003913-115170165195538011?l=palabradeholguin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://palabradeholguin.blogspot.com/feeds/115170165195538011/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18003913&amp;postID=115170165195538011' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18003913/posts/default/115170165195538011'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18003913/posts/default/115170165195538011'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://palabradeholguin.blogspot.com/2006/06/nana-dicen-que-nana-fue-una-persona.html' title=''/><author><name>Palabra de Holguín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00046326451786621412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/7406/1750/320/Ruben%20%28JPablo%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18003913.post-113042937225677073</id><published>2005-10-27T15:32:00.000Z</published><updated>2005-10-27T16:42:13.203Z</updated><title type='text'>EL ESPÍRITU DE LA DANZA</title><content type='html'>Aunque para los antiguos el 13 era número fatal, Co-Danza arriba a su décimo tercer aniversario con avances indudables, que reafirman su singular personalidad expresiva, con bailarines virtuosos y coreografías matizadas por la variedad temática, pues a los códigos de la danza contemporánea agregan el eclecticismo de la danza teatro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creada en 1992, la compañía de Maricel Godoy pasó del anonimato a los escenarios nacionales, con notable éxito de público y crítica. Sus fundadores, profesores de la Escuela Vocacional de Arte, unieron en el nombre del colectivo las claves de su personalidad artística: contemporánea, compañía, consagración, conquista…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El triunfo llegó de la mano de su constancia, dedicación y exigencia. El trabajo serio les hizo sobreponerse a la falta de sede, el fatalismo geográfico y hasta a la falta de presupuesto. Siempre seduciendo, siempre sorprendiéndonos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la vida de Co-Danza se marcan tres etapas. De la primera primera época, virtuosa y fiel a los cánones de la Danza Contemporánea, datan piezas como &lt;strong&gt;Tridireccional&lt;/strong&gt; y &lt;strong&gt;Espacio místico&lt;/strong&gt;, ambas de la Godoy. Siguieron los atisbos y los tanteos de la segunda, caracterizada por la diversidad estilística y la pluralidad de poéticas: las dinámicas coreografías de Gilberto Pérez (&lt;strong&gt;Espíritu&lt;/strong&gt; &lt;strong&gt;sagrado&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Reflejo&lt;/strong&gt;), la indagación sociológica y filosófica de Nelson Reyes (&lt;strong&gt;Pasajera la lluvia&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Cubiertos de cristal&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;El espíritu de la tierra&lt;/strong&gt;), el feminismo rabioso de Nalia Escalona (&lt;strong&gt;Eva y él&lt;/strong&gt;) y las piezas de la Godoy, más cercanas a la Danza Teatro (&lt;strong&gt;Apenas somos pasajeros, testigos&lt;/strong&gt;). Aunque en todos los casos, existió “contaminación” de otros modos de decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Año cero&lt;/strong&gt;, primer espectáculo de una hora de la directora de la compañía, fue punto de giro y unió a plásticos, músicos, bailarines, guionistas y directores artísticos, y sigue siendo hasta hoy la propuesta formal más ambiciosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Muerte prevista en el guión&lt;/strong&gt;, joya de argentina Susana Tambutti, agregó lo lúdico al repertorio, con la premisa de que el arte contemporáneo es un juego semántico. Iconoclasta e irreverente, la Tambutti recicla a los clásicos y ofrece una visión recontextualizada de muertes trágicas en escena, en un discurso alternativo de notables ritmo y coherencia, sugerente diseño de luces y atinada banda sonora. Aunque esta pieza distorsiona las esencias, su épica travestida no despoja de su estilo a la compañía, sino que realza el sentido de representación en un juego de espejos y máscaras superpuestas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por su parte, el director Raúl Martín y su virgiliana puesta de &lt;strong&gt;El banco que murió de amor&lt;/strong&gt;, los adentraron en el mundo del teatro, al aprehender la intencionalidad del texto piñeriano original y dotarlo de nuevos significantes. El ejercicio histriónico demostró las dotes actorales de los bailarines, con especial repunte de las muchachas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Fuente del agua salá&lt;/strong&gt;, también de Maricel Godoy, es deudora de sus antecedentes inmediatos y trajo otro rompimiento estilístico, por su estructura coreográfica y estudio de la gestualidad. El reciclaje intertextual deja su impronta en &lt;strong&gt;Fuente&lt;/strong&gt;…, obra que muestra la evolución del rito erótico con paralelismo de “planos narrativos”, el humor como leitmotiv y elementos de cubanía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Interiores&lt;/strong&gt;, del coreógrafo mexicano Aldo Siles, hizo crecer a los bailarines como seres humanos e intérpretes, en una compleja propuesta conceptual, plena de significado y riqueza coreográfica. En sentido general, el trabajo con directores invitados ha enriquecido el universo referencial de Co-Danza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del repertorio último, &lt;strong&gt;Imagen en el lente&lt;/strong&gt;, de Gilberto, sirve para mostrar las fuerzas de la tercera generación de bailarines que se forma al fuego vivo de Co-Danza, en una obra con interesantes propuestas estéticas, que aprovechan las posibilidades expresivas de todo el material especulativo que genera la fotografía. Por su parte, &lt;strong&gt;Ritmos de ida y vuelta&lt;/strong&gt;, de Godoy, pasa por una improvisación virtuosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este tiempo fértil, la compañía se ha presentado en escenarios de España, México, Venezuela y Estados Unidos; y ha recibido importantes lauros de la danza cubana, como dos Premios Villanueva de la Crítica, cinco premios de la Ciudad de Holguín, varios del Solamente solos, otros del Danzan dos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se han impuesto, incluso, al éxodo de bailarines, que siguió el éxito de la compañía, como suele suceder en provincia. Se arriesgan contra todo pronóstico y asumen su sino de escuela, donde se forman artistas integrales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junto a los cuerpos nuevos, se mantienen la explosión de movimiento de las obras de Gilberto y su vigor como bailarín, la visceral sensibilidad de un intérprete tan versátil como Wílber Pérez, la inefable presencia de Rosario Arencibia y el carisma de Vianky González, los fundadores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ellos dejan testimonio. Desde hace 13 años, los nuestros son también los días de Co-Danza. En los que hoy bailan en Las Vegas, Londres o New York, está todavía la huella de la lluvia pasajera, el espíritu del campo, cubiertos de cristal o un banco que muere de amor en esas tarde holguineras, hechas a la medida de los amantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque, a pesar de las rupturas, se mantiene la esencia: en ellos vibran la energía, el goce absoluto y la magia secreta de la danza.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18003913-113042937225677073?l=palabradeholguin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://palabradeholguin.blogspot.com/feeds/113042937225677073/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18003913&amp;postID=113042937225677073' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18003913/posts/default/113042937225677073'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18003913/posts/default/113042937225677073'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://palabradeholguin.blogspot.com/2005/10/el-espritu-de-la-danza.html' title='EL ESPÍRITU DE LA DANZA'/><author><name>Palabra de Holguín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00046326451786621412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/7406/1750/320/Ruben%20%28JPablo%29.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18003913.post-112982996760794545</id><published>2005-10-20T16:06:00.000Z</published><updated>2005-10-20T18:15:33.106Z</updated><title type='text'>Él se llamaba Antonio Broccardo. Yo escribía poscrítica</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/7406/1750/1600/ruben1.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/7406/1750/200/ruben.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff9966;"&gt;PRIMERA TESIS: ERRARE HUMANUM EST&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así reza un latinajo colocado en la mayoría de las redacciones de periódicos. Más bien herrar es de herreros. En fin, todos metemos la pata. André Gide rechazó la novela &lt;strong&gt;En busca del tiempo perdido&lt;/strong&gt;, cuando Marcel Proust lo sometió a su consideración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo mismo hizo Ezra Pound con el manuscrito de &lt;strong&gt;La tierra baldía&lt;/strong&gt;, de Eliot; y un editor del Fondo de Cultura Económica de México respondió de igual modo a Alejo Carpentier, con &lt;strong&gt;El reino de este mundo&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El año en que Luis Yuseff (Holguín, 1975) envió al Premio de la Ciudad el poemario &lt;strong&gt;Yo me llamaba Antonio Broccardo&lt;/strong&gt;, la categoría correspondiente se declaró “desierta”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;En busca del tiempo perdido&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;La tierra baldía&lt;/strong&gt; y &lt;strong&gt;El reino de este mundo&lt;/strong&gt; se convirtieron en clásicos. Un jurado, compuesto por los poetas Teresa Melo, Nelson Simón y Edel Morales entregó el Premio Alcorta 2003, de la UNEAC en Pinar del Río, al libro &lt;strong&gt;Yo me llamaba Antonio Broccardo&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así llega a nosotros este hermoso libro, publicado por Ediciones Cauce, de Pinar del Río, que en su momento fue tildado de “carente de eventualidad poética”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff9966;"&gt;SEGUNDA TESIS: LA LITERATURA HA SIDO SIEMPRE INTERTEXTUAL&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;La intertextualidad como práctica es mucho más antigua que el concepto, acuñado en 1967 por la escritora búlgara, Julia Kristeva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La Eneida&lt;/strong&gt; es una imitación de Virgilio a los modelos clásicos griegos. Dante recicla las estructuras de Homero y Virgilio. Muchas de las piezas de Shakespeare se basan en textos narrativos, novellas italianas, con un cambio del código y del medio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intertextuales son los neoclásicos de los siglos XVII y XVIII, quienes tenían un género al que llamaban imitación. De ese modo podían transferir al siglo XVIII una sátira de Juvenal. No solo cambiaban el código lingüístico, sino también el contexto, de la Roma imperial a la Inglaterra de Jorge I.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este caso el autor se atiene a un pre-texto. Cambia el género, el medio, el lenguaje, el referente social, pero el mensaje es el mismo. El diálogo entre el viejo y el nuevo texto es limitado porque mantiene el contenido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, existe un segundo grupo de géneros que son en sí mismos intertextuales. Tal es la parodia, donde se tiene un texto particular y se exageran las particularidades del estilo, hasta crear un efecto cómico y pasa por burla del texto original; el travesti, que toma un asunto elevado, lo cuenta en un estilo bajo y surge cierta discrepancia de efecto humorístico entre el tema, el asunto, y el estilo; y el burlesco, donde un asunto trivial se cuenta en estilo elevado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando existen varios pre-textos, estamos en presencia del collage, donde el nuevo texto es un mosaico construido con elementos de otros. Aquí el nuevo texto está, en todas sus partes, intertextualmente relacionado con sus antecedentes.&lt;br /&gt;Otras formas de intertextualidad más locales son las citas y alusiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff9966;"&gt;TERCERA TESIS: ÉL ESCRIBÍA POEMAS POST-VANGUARDISTAS&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El concepto de intertextualidad reconoce que no sólo casos especiales, sino que todos los textos son intertextuales. Cada texto está relacionado con todos los demás, como en la Cábala y las fabulaciones de Jorge Luis Borges.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los textos postvanguardistas se inscriben en la conciencia de la intertextualidad de todos los textos. Algunos se caracterizan por estar muy intertextualizados, de modo que crean su propia intertextualidad. Se usan, incluso, metáforas de intertextualidad. Yuseff usa otros textos como espejo del propio, y crea su propio metatexto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff9966;"&gt;CUARTA TESIS: ÉL SE LLAMABA ANTONIO BROCCARDO&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Hace aproximadamente cuatro años, en el saloncito de la condesa Alejandra, a quien sus íntimos llaman Handry, el Autor pasaba la vista por una pinacoteca de Giorgio Barbarelli, recogido por la Historia del Arte como Giorgione.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre tapices persas y servicio de Sévres, el Autor detenía sus ojos sobre las pinturas colmadas de luz suave y tamizada, más destinada a crear una atmósfera dentro de la composición que a definir los objetos dentro de la escena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya había admirado (el Autor) a &lt;strong&gt;La virgen con el niño en brazos, entre san Antonio de Padua y san Roque&lt;/strong&gt;, primera obra de madurez del artista; había repasado a &lt;strong&gt;La Venus dormida&lt;/strong&gt;, donde el desnudo femenino es tema principal, y había contemplado también el cuadro &lt;strong&gt;Los tres filósofos&lt;/strong&gt;, donde se esboza el estilo que seguirían Tiziano y Rubens.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ojos del Autor vagaban por las láminas cromadas, del &lt;strong&gt;Retablo de Castelfranco&lt;/strong&gt; al &lt;strong&gt;Concierto campestre&lt;/strong&gt;, donde Giorgione desató una revolución contra el elemento narrativo dentro de la paisajística.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solícita, la condesa Alejandra hacía traer un refrigerio, mostraba sus antigüedades etruscas, instaba a su bella Patricia a tocar en el clavicordio alguna pieza de Scarlatti. Sutil se deslizaba la sombra de su próximo amante, por las aguas mansas del espejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, el Autor quedó demudado, el libro de láminas se deslizó de sus manos y el asombro floreció en su semblante. Había encontrado un desconocido retrato del maestro. Buscó al pie. La nota rezaba: &lt;strong&gt;Retrato del poeta veneciano Antonio Broccardo&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La condesa Alejandra acercó una bujía y todos quedamos atónitos. El joven del lienzo, con su mano derecha posada sobre el corazón, era el vivo retrato del Autor. Este se repuso, como buen hijo de Aries, y musitó: “Yo me llamaba Antonio Broccardo… en otra vida”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff9966;"&gt;QUINTA TESIS: EL JUEGO ES UN SIGNO DE INTELIGENCIA&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo juegan los animales inteligentes. Según estudios científicos, el juego en los animales es señal de desarrollo cerebral, de modo que sólo se observa en especies superiores. Mamíferos como el elefante y la ballena, con gran desarrollo en su sistema nervioso, juegan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, las abejas, tomadas por Platón como modelo de sociedad ideal, no juegan. Sólo trabajan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tampoco los peces juegan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff9966;"&gt;SEXTA TESIS: LA INTERTEXTUALIDAD SIEMPRE FLORECE DONDE EXISTE INTERRELACIÓN DE MÁS DE UNA CULTURA&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Julia Kristeva cita al ruso Mijaíl Bajtin, quien llama a la intertextualidad, dialogicidad y contrapone el texto monológico – téngase en cuanta que culturas monológicas son aquellas donde todos los discursos dicen lo mismo – con el texto dialógico, donde existe una pluralidad de discursos e incluso dentro de un mismo texto se desarrollan discursos contrapuestos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El concepto de intertextualidad es parte de las armas con que la inteligencia de izquierda luchó contra la ideología burguesa. El texto no es una creación individual, sino una posesión colectiva y está en diálogo con todos los otros textos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff9966;"&gt;SÉPTIMA TESIS: A CÉSAR LO QUE ES DE CÉSAR&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Título de la pieza: “El enamorado”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Técnica: óleo sobre lienzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dimensiones: 80 cm x 65 cm&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Autor: Julio César Rodríguez Aguilar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pieza integra actualmente una Colección privada en Costa Rica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rodríguez Aguilar es graduado de la Academia de Artes Plásticas en Holguín en 1995, ha participado en una veintena de exposiciones colectivas y 13 personales en Cuba y el extranjero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Obras suyas integran colecciones privadas en Estados Unidos, Bélgica, Argentina, Italia, Francia, Alemania, China, Canadá, Ucrania y España.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De él señala la crítica “obras caracterizadas por su particular simbolismo y acento autobiográfico” e “influencias de los surrealistas Salvador Dalí y René Magritte, los cultivadores del gesto y la expresividad, e incluso el barroco y más específicamente el manierismo. De ahí el dramatismo un tanto declamatorio de las piezas, donde lo decorativo y lo teatral las convierten en verdaderas puestas en escena”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agrega la crítica que en las obras se advierte “el toque sensual, el acento erótico y un cierto misticismo de corte romántico” y que “utiliza el autorretrato como vía para convertirse en materia de sus propias creaciones y transforma su imagen en objeto de manipulación plástica”. O sea, es intertextual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff9966;"&gt;OCTAVA TESIS: DIOS ES HOLGUINERO&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Quizás vivir no sea más que un juego de espejos; y la inmortalidad, no saber de qué lado existes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Quizás, vivir no sea más que un sueño, poco feliz o menos inocente, pero, al fin, un sueño del que terminas despertando. Y la inmortalidad, ese mismo sueño pero visto del otro lado del cristal inexorable, es decir: a través del sueño que golpea incesantemente –como las mareas negras de la noche- los límites definidos del espacio y el momento en que se sueña, para transformar lo reducido de esa existencia en eternidad, otorgándole la categoría de mito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Y si es la muerte quien hace el mito – pues pocas veces el mito es anterior a la muerte-, entonces la inmortalidad también es asomarse a través de un juego incesante de espejos a una nueva dimensión pero vista desde la anterior; es decir: reencarnar…”&lt;br /&gt;(Del poemario Yo me llamaba Antonio Broccardo)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;NOVENA TESIS: LOS HOMBRES NO LLORAN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es verano y mi tía Bella pedalea frenéticamente en su máquina de coser. El sudor le chorrea por los codos y un rectángulo de luz casi tangible entra por la puerta ventana que da al oeste. Los mecanismos de la vieja Singer sibilan engrasados y la rueda movida por la polea que huele a cuero, corta en lascas la imagen del escaparate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy echado bocabajo sobre el piso de madera fría, a pesar del calor. Miro las tiritas que caen constantemente, las largas serpientes de hilo. Resuenan pasos de mujer sobre el piso de madera. Huele a café colado. Los retazos son rojos, azules, verdes, amarillos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre la cama hay una plantilla de cartón del sistema Rocha. La inventora se llamaba Elia Rocha de Abreu y se fue del país cuando triunfó la Revolución.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recojo los trozos de tela para coser capas para mis soldaditos, así nadie podrá decir que juego con muñecas. Los escondo rápidamente en el bolsillo, antes de que mi madre me vea. Pronto mis guerreros medievales lucirán atuendos dignos de Christian Dior o Karl Lagerfeld.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sigo tendido en el suelo, con un tajo de luz sobre la espalda, recogiendo pedacitos de tela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con ellos armaré la historia de un poeta que se llamaba Antonio Broccardo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff9966;"&gt;DÉCIMA TESIS: NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;La primera presentación del libro Yo me llamaba Antonio Broccardo en la Feria del Libro en Holguín, hubo de ser suspendida. No aparecieron los ejemplares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La segunda presentación tampoco se realizó: se recargó el programa. Todos querían hablar a/ hasta /de /desde/ con/ para / por/ sobre los invitados nacionales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tercera presentación coincidió en horario con la entrega del Premio Nacional de Edición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff9966;"&gt;UNDÉCIMA TESIS: PARA GUSTOS SE HAN HECHO LOS COLORES Y PARA ESCOGER LAS FLORES&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;- Al escritor Antón Arrufat, Premio Nacional de Literatura, le fascinan las escenas venecianas del libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Dice la poetisa santiaguera Teresa Melo que sobran las confesiones de alcoba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- La poesía es &lt;em&gt;poiesis&lt;/em&gt;, invención, expresa el escritor y editor holguinero Manuel García Verdecia, para elogiar el cuaderno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tienes oficio pero no me gusta, de-fi-ni-ti-va-men-te, pone el e-mail de Toni la Rusa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Palabras mayores, exclama el poeta Eugenio Marrón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff9966;"&gt;DUODÉCIMA TESIS: NO SÓLO DE PAN VIVE EL HOMBRE, PERO TAMBIÉN DE PAN&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con los derechos de autor comprará clavos para arreglar el techo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18003913-112982996760794545?l=palabradeholguin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://palabradeholguin.blogspot.com/feeds/112982996760794545/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18003913&amp;postID=112982996760794545' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18003913/posts/default/112982996760794545'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18003913/posts/default/112982996760794545'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://palabradeholguin.blogspot.com/2005/10/l-se-llamaba-antonio-broccardo-yo.html' title='Él se llamaba Antonio Broccardo. Yo escribía poscrítica'/><author><name>Palabra de Holguín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00046326451786621412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/7406/1750/320/Ruben%20%28JPablo%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18003913.post-112965733438678232</id><published>2005-10-18T17:25:00.000Z</published><updated>2005-10-18T17:42:14.396Z</updated><title type='text'>Detrás de la Palabra</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/7406/1750/1600/Ruben%20(JPablo).jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/7406/1750/320/Ruben%20%28JPablo%29.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#ff9966;"&gt;Nombrar las cosas&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff9966;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Lo primero fue siempre nombrar las cosas.&lt;br /&gt;Arañado en tablillas de barro, susurra el poema babilonio de la creación: “En el principio nada tenía nombre, en la tierra nada tenía nombre y en el cielo nada era nombrado…”&lt;br /&gt;Algo parecido a la teoría de Schopenhauer, donde “la cosa sin nombre” no existe. Tanto así que en muchos pueblos de la Antigüedad, las personas tenían dos nombres: uno público y otro secreto. Porque si un enemigo conocía la forma real de llamarte, podía destruirte, con sortilegios y encantamientos.&lt;br /&gt;Mar por medio, cantaron los mayas envueltos en sus verdes plumas de quetzal: “Esta es la primera relación, el primer discurso…”&lt;br /&gt;Entonces se hizo la palabra, y la palabra era con dios, y la palabra era dios. Y uso el término “palabra” que es la traducción más exacta del griego “logos”.&lt;br /&gt;Porque el hombre siempre quiso que le contaran cuentos. Les llamó historia, filosofía, religión o literatura.&lt;br /&gt;Los contó alrededor de la hoguera donde se asaban las carnes y se bruñían los metales, alrededor de las piedras de invocar, en los oasis donde abrevaban las caravanas sobre la arena tendida al sol, en las trincheras iluminadas por los estallidos de mortero o en las largas noches de movilización agrícola.&lt;br /&gt;El papel fue apenas una tenue membrana, una extensión de la voz, el atributo germinativo de aquel eunuco del Dragón Celeste, que supuestamente lo inventó; y que hoy perdura como soporte de la palabra, al menos hasta los 451 grados Fahrenheit, temperatura a la que se quema el papel.&lt;br /&gt;Por suerte, no estamos en el mundo alucinado de la novela Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, donde los bomberos en lugar de apagar incendios, los provocan. Y arden en enormes piras los libros diabólicos. La recomendación de esta semana es precisamente ese libro, del que existe versión cinematográfica.&lt;br /&gt;Aunque William Shakespeare en un soneto memorable escribiera: What’s in the rose but a name?, para afirmar que la rosa con otro nombre seguiría oliendo igual; en este pequeño espacio mensual preferiremos nombrar las cosas y hacer nuestro el goce de la palabra, aunque el posmoderno Humberto Eco afirme, al final de su policial gótico, que de la rosa sólo sabemos el nombre.&lt;br /&gt;En este lugar, como el poeta Eliseo Diego, vamos a nombrar las cosas, lentamente, porque el mismo viejo Eliseo nos dejó en testamento “el tiempo, todo el tiempo”. Hablaremos de literatura, de artes plásticas, de música, de ciencia… pero sin torres de marfil porque en esta isla “asida al tallo de los vientos”, como decía Dulce María Loynaz, hace mucho los hombres derribaron las torres de marfil y todos andamos juntos “en espumosa muchedumbre”.&lt;br /&gt;No faltarán las citas. Siempre es mejor una buena cita que una mala paráfrasis. ¿Para qué pergeñar: “Amo tu silencio porque es como si no estuvieras”, si el maestro Pablo Neruda escribió: “Me gustas cuando callas, porque estás como ausente”. Tampoco hay que cortar las alas de la originalidad, sino hallar el justo medio, que no significa exactamente mediocridad, sino equilibrio.&lt;br /&gt;Y como, según el escritor español Antonio Gala, el periodismo es excelente gimnasia, no faltarán las crónicas periodísticas sobre un estreno teatral o un libro que nos enriquezca el espíritu, alimente el conocimiento y nos haga mejores. Ni tampoco el latiguillo de la crítica sobre algún tema susceptible de mejoría. Pero siempre será un látigo con un manojo de cascabeles en la punta.&lt;br /&gt;Hagamos de esta columna un espacio para la sensibilidad. También la sensibilidad se aprende, el gusto se educa y la cultura se adquiere. Es un error ceñir la educación y las finezas de espíritu al ámbito de los más instruidos, porque también en las rocas crecen árboles.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18003913-112965733438678232?l=palabradeholguin.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://palabradeholguin.blogspot.com/feeds/112965733438678232/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18003913&amp;postID=112965733438678232' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18003913/posts/default/112965733438678232'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18003913/posts/default/112965733438678232'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://palabradeholguin.blogspot.com/2005/10/detrs-de-la-palabra.html' title='Detrás de la Palabra'/><author><name>Palabra de Holguín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00046326451786621412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/7406/1750/320/Ruben%20%28JPablo%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
